Agronomía, Botánica, y farmacología

Una de las ciencias que va a destacar por encima de las demás en al-Andalus es la agronomía. Si ya en la época romana había gozado de gran esplendor y la Península Ibérica había visto cómo sus habitantes producían grandes tratados agronómicos, en la época andalusí este esplendor va a brillar aún más. Varias son las escuelas de agronomía en al-Andalus, y muchos los tratados que van a producir (Ibn Wafid, Ibn Bassal, Abu l-Jayr, Ibn Hayyay, al-Tignari, Ibn al-‘Awwam, Ibn Luyun… son tan sólo algunos de los muchos nombres que podríamos citar). Desde muy pronto los árabes introducen nuevas especies en la Península, y los agrónomos experimentarán con ellas, a la vez que mejorarán las ya existentes. Entre las nuevas especies, por citar algunas: los cítricos, berenjena, alcachofas, melón, sandía, arroz, pistacho, palmera, caña de azúcar, algodón, morera,… Entre las técnicas de cultivo, una de las novedades es el cultivo de huerta intensivo.

Vista de la sala.
Vista de la sala.

Los saberes en al-Andalus estaban mucho menos parcelados de lo que lo están en la actualidad, por lo que el agrónomo era normal que también fuera botánico, y a su vez farmacólogo y médico. La botánica andalusí floreció desde el primer momento. Ya nos hablan las fuentes de un jardín botánico en Córdoba en la época de Abd al-Rahman I (g. 756-788), aunque su máximo desarrollo viene motivado por la llegada a la Península de la obra clásica de Dioscórides, traducida al árabe en los talleres de traducción de Oriente.

Estos jardines botánicos estuvieron cultivados en ocasiones en dependencias anejas a centros hospitalarios, de modo que la farmacología tuvo gran importancia. Se cultivaron a gran escala plantas que eran usadas con fines medicinales, como el azafrán, el jazmín, la lavanda, el lirio... Se extraían de las minas vitriolos de hierro y cobre, sales de plomo y cinabrio, mercurio, sal gema, etc., que también eran utilizados con fines terapéuticos.